ACTO TEATRAL.
Del excelentísimo protomédico Don Emiliano,
miembro del consejo de Palacio y miembro de la guardia personal y de la camarilla,
en salvaguarda de los intereses de la Reina, Doña Isabel de Borbón.
Evento más que Comedia palaciega creada y
escrita en prosa, a modo de fantasía onírica, para recordar los disgustos reales.
Contra los impulsos a modo de consuelos carnales, de nuestro rey Philipo que a
diario afligen a nuestra reina Isabel de Francia; para que más se sepa y lea de la leyenda bula ,”Engendrada
como Negra” en contra de los intereses de este reino.
La GLORIA DE NIQUEA
ACTO UNO.
ESCENA UNA.
Corre
el año 1622, se nota en el aire, que hoy es un día distinto para parte del
pueblo de Aranjuez, que ha acudido a la invitación de sus majestades, junto con
miembros de la nobleza y corte real.
Todos los asistentes al mencionado evento
palaciego, van a pasar una velada especial, en este real sitio y en concreto en
el jardín de la isla. No en vano se estrena la obra de Don Juan de Tassis,
organizador de fiestas y director de representaciones segundo conde de Villamediana,
correo mayor, varón fogoso y libertino, jugador de naipes ,amante de la lidia a
caballo con rejones ; gran poeta lirico y satírico ,discípulo de la escuela gongorina
y culterana que presenta hoy su obra teatral la gloria de Niquea inspirada en el
Amadís de Gaula .
No
obstante, en el mundo imaginario de esta novela ,ocurren cosas distintas,
aunque cercanas, pues no siempre dos entes humanos liberales; moldeados por el
tiempo imaginan lo mismo más si no viven en los mismos lugares y tiempos.
Escribiendo el autor, una obra de teatro
para entretenimiento de los entes espirituales e hijos de la creación misma.
Presentes tanto, los que ya están en estos
folios, como así mismo los lectores atrevidos que discurrirán por el cuenteo de
estas fantasías , que algo de oníricas y o sueños alterados, a modo de
parasomnias tienen en sí mismas.
¡Y si están aquí!, no es solo por la llamada y
evocación del autor mismo , sino más bien por la fuerza espiritosa de su propia
energía, como ente eterno ,que ha transcendido lugares y tiempos.
Desde hace un buen rato, todo está listo en
los laterales del estrado y tarima donde la tramoya ensaya en este teatro al
aire libre. Creado exprofeso para tal digna y culta ocasión.
Contando
con la ayuda del ingenioso imaginero italiano de gran fama Fontana.
Nombrado para dirigir a los operarios para
crear estos majestuosos decorados y que ha sido auxiliado, con la ayuda de
artistas locales contratados también para tan palaciega ocasión.
Además, han imitado los palcos laterales
típicos de los corrales de comedias en los viejos barrios de la villa mayor del
reino.
Recinto donde se encuentran desde las primeras horas del día las
amistades de don Juan, de este conde que con acusación de pecado nefando y de
tirarle los tejos también a nuestra reina Isabel y que algunos han comentado:
—Que esta locamente enamorado de ella y que
haría locuras por tenerla en sus brazos.
¡Amistades además de compañeros de viejos anhelos,
que a viva voz lo apoyarán y como actores algunos también participarán de esta
obra teatral!, tras la abertura del telón y del primer acto.
Después
de la presencia anunciada por la banda real de música de sus majestades, tras
una señal del director del evento.
Sin
apenas darse cuenta los allí presentes , suenan a llamada, por el aire notas en
clave de Sol de trompetas, oboes y chirimías ,rodeando con su armonía todo el
jardín de la Isla en este evento real.
A la
par, la comitiva con el Rey y los Infantes se dirigen a sus asientos. Así
mismo, simultáneamente en el tablado de la orquesta.
Los músicos de cuerda y arco empiezan a tocar,
la música escrita por el maestro de la cámara real; instrumentistas que subliman
y hacen gozar con sus notas, a los allí presentes.
Don Filipo, ha entrado acompañado del conde
duque y tras el acomodo en sus asientos de los allí presentes , —sillas que han sido preparadas a modo de alineamiento armónico— como en los
corrales del Príncipe y de la Cruz .
Tras
la venia de su majestad y a modo de confirmación. —Con un movimiento de su real
tez, tras un silencio total— ; se abre el majestuoso telón comenzando los actores a interpretar.
Empiezan hablando en voz alta los compañeros
del autor de la obra :
Entrando juntamente por un lateral un méritoso
cortejo, a modo de desfile carnavalesco. Encabezado por Don Luis José amigo de
la tertulia que dirige a los músicos y coros, la señora Infanta María , damas de
palacio, la hija del Conde Duque, Leonor ,francisca la amante y alcahueta prostituida,
el enano “soplillo”, la cantante —criada negra de la reina—y por último precediendo
a las danzantes ,varios carros triunfales.
El carruaje de Villamediana, el carruaje del
Tajo, el carruaje del Rey y el carruaje de la Edad; —delante al son de la
orquesta, van bailando con máscara los danzantes— , al estilo de Venecia para
evitar la distracción de los allí presentes, pensando en la identidad de los
actores y actrices, —para que la vista pudiera darles solo atención, a esos
trajes con ricas piedras que brillaban como estrellas—. Con el fin del desfile,
y con humildes reverencias a Su Majestad; se dirigen al escenario.
Después de esta mascarada y de una loa; del
conde duque ensalzando y comparando a nuestro homenajeado rey con el sol, diese
principio a la comedia del Conde.
Trata
de las peripecias Del Amadís de Gaula. caballero de la ardiente espada, nieto
de Gaula (Felipe II) —que va a presentarse como ente humano, en este jardín—
,gracias a la magia de su tío Alquile, —casado con el hada Uganda y que lo
guiará en sueños— y ayudará al protagonista a superar: —a la aurora , a la
noche ,a el ocio ,a la diligencia y al miedo— .
—Para tener el suficiente valor de salvar a
la doncella encantada— ,luchando para ello con Niquea un ser malvado y con
gigantes ,leones, ninfas y dragones .
Las damas de la reina toman parte en la
representación de la obra teatral, al aire libre.
Cerca del escenario en un palco lateral
,algunas amistades más cercanas al conde ,comentan mientras tanto:
Don Luis de Haro :
—Mi querido poeta amante de la ciudad de la
sierra y la mezquita y de todos los cultos, ¡Hoy es un día especial, yo ya he
saludado a nuestro amigo de noches obscuras!
Continuando
Don Juan :
—He
de señalaros que me encuentro excitado y nervioso ante el debut de esta obra
que hoy representamos.
Y
también imagino lo estará, Don Lope el fénix que desde aquí lo veo preparado ya,
por si ha de intervenir en cualquier momento entre bastidores.
El
poeta de Córdoba :
—Bien decís Don Luis, pues el tema es
apasionante y el mito también, ya conocéis que a este hijo de Apolo y Climene para
otros, hermano de las Heliades su madre le recomendó hablar con su patriarca;
al que le pidió una prueba de su ascendencia.
Por
lo cual su padre le dejó conducir un día; el “Carro solar”, pero siendo incapaz,
el hijo de controlar a los caballos y viendo Zeus que la tierra estaba en peligro,
—para evitar la aniquilación de esta—.
Decidió matarlo con un rayo, cuando lo
desafiaron sus compañeros; —más presiento que en el trasfondo de esta obra hay
pasión y dedicación a esos amores idílicos— , que todos alguna vez en nuestros
cuerpos hemos sufrido, —¡Si no!— mirar esas gigantes figuras de Marte el dios
de la guerra, amante de Venus la diosa del amor y la de Mercurio que —a cada
lado del escenario— ; nos quieren decir algo.
Continúo José el poeta de la ciudad de la
sierra y la mezquita:
—En
esta invención de esa mala mujer y ese
Amadís a modo de Faetón el hijo de Helías; brillante con su carro
resplandeciente estoy impaciente por que empiece esta trama o invención
fantasiosa, donde unos disfrutaran más que otros y alguno chamuscado quedará.
Don Juan se levanta, presenta al ingenioso
italiano Fontana, creador del majestuoso entramado de “naumaquia” que todos
están admirando ahora, agradeciéndole su obra y también al director de escena
Don Rufián. —El cual este último pasa ahora a leer el texto con la programación
del evento real—, dedicado por la reina a nuestro querido rey Filipo, para
conmemorar su onomástica.
ACTO UNO
ESCENA UNA
Mientras
la orquesta toca algo dulce y entretenido, se va retirando casi desapercibido
el conde, —hasta el fondo de la tramoya, decorada en esta primera escena. A
modo de escenario de guerra— .
Continuando detrás del telón, que tras su
recogimiento. Los presentes a esta función teatral pueden ver ahora actuando al
conde; como director de la obra.
Comenta
con los actores y actrices los últimos detalles ,que se pueden oír de lejos
pues la acústica del lugar lo favorece:
El
CONDE :
—Por cierto, mi reina, damas y familiares,
estar
tranquilos
sé que lo haréis bien.
Ahora
dirigiéndose al actor que representa al Amadís de Gaula:
—Tenéis que meteros en el personaje, sois un
caballero leído además de príncipe, hijo del emperador de Rodas y Constantinopla
y además estáis en líos de amores.
Continuando
,aconsejándole:
—Como
si no quisierais que este enamoramiento lo vieran otros, —lo que seguramente pronto— ,
¡todos lo notarán! .
Añadiendo,
el conde:
—¡ Fuerte en la espada y débil en el amor!—,
como cualquier caballero de armas.
El
conde, insiste:
—¡Tenéis que mostraros , más natural!
—Y
además para colmo de males sois el favorito De Don Alonso Quijano, el
protagonista del mejor libro de “caballería de todos los tiempos”.
Ahora Don Juan se dirige para darle los
últimos consejos a la actriz que interpreta el papel de Lúcela.
Don
Juan:
—Y
vos recordar que todo es un sueño, como lo refiere el maestro Calderón. No
debéis olvidar que sois una infanta, hija de la reina hermosura, vuestra madre
, silenciada en un personaje mudo.
Añadiendo,
tras una breve pausa:
—¡No
tengáis miedo al escenario! Lucela , ni a las candilejas pues la imaginación de
los que atienden y la catarsis de vuestro arte-
Mezclada
con el mito —del enamoramiento del valiente caballero— que intenta seduciros.
Con la ayuda de la dama que os asiste, os debe
valer para vivir esta sublime representación.
Tras
esto último contesta la actriz al conde.
LUCELA:
—Ya comprendo conde, gracias por aclararme la
trama, pues tenía duda incluso después de revisar profundamente, los pliegos del libreto, lo que enseñan de esta
exquisita obra ¡Donde he comprendido que tengo que transmitir más, mi estado de
enamoramiento!
DON
JUAN:
—Así
es mi querida Lúcela.
LUCELA:
—
El
problema es que lo estoy, de alguien que no me acepta, ni me mira con buenos
ojos y solo lo hace como pieza de ajedrez de sus intereses que van dirigidos hacia
lugares más altos.
DON
JUAN:
—¡Dejar eso fuera!, concentrémonos, solo en
el sainete ¡Enamoradiza dama ¡
—Después
de esto, el director de la gloria de Niquea escucha como la dama cortesana que
asume la interpretación de Niquea (un ser malvado); Le interpela sobre cómo
debe y cuando.
Niquea:
—Lo
debéis de interpretar a vuestra manera
,pero ¡con más énfasis que el texto del libreto!. Vuestro
amor no solo, es por el caballero, sino también por la fe en Cristo.
Continuando
Lucela:
—¿He de portarme como la altiva hija de Soldán,
o como en la boda enamoradiza y ya cristiana?, —¿Cuándo mire a este actor, que al lado esta y
que dice— que para nuestro rey Philipo va a ser el Amadís de Gaula, más que “Amador
con elegancia ” para mí”? —y se mostrara fiel, valiente, cristiano y caballero—¡
Cuando sabéis se comenta en todos los mentideros de Madrid su travestido
existir y nefasto pudendo¡
—¡Difícil me lo habéis puesto!, haré lo que
pueda como buena actriz que me considero.
DON
JUAN:
—¡Relajaros, estáis nerviosa ahora!, ¡ estáis participando!, —en una gran
obra para nuestro rey sol—.
ACTO UNO.
ESCENA DOS.
Terminada la Niquea (cuyo
asunto caballeresco estaba tomado del libro de Don Florisel, una
de las continuaciones del Amadís de Gaula ),los asistentes contemplan
como se recoge la montaña y se cubrió el
anfiteatro; en tanto que los músicos
cantaban el soneto de la segunda escena, se volvió a dividir el monte, y apareció
en lo superior del trono un jardín, bella translación de Hiblea, y las gradas adornadas
con blancos macetones de geranios como los de los patios de la ciudad de la
mezquita, rosas, claveles, gladiolos, tulipanes sembrados con semillas traídas
para la ocasión de Flandes, de todo el
reino , y toda clase de hierbas diferentes.
Y a
los lados chorros de agua que parecían que, por funcionarios del reino, estaban
apercibiendo de lo sublime del momento, —al rio de Aranjuez— , para que pudiese
llevar ¡su relación de amor a Neptuno!— el Rey de las aguas —.
Entre
las hermosas actrices a modo de flores, están acomodadas todas las Ninfas de la
fábula, y con ellas la Reina de la hermosura, nuestra señora y la Infanta, donde ahora con alegres pasos ocupan el anfiteatro,
danzando al ritmo acompasado con la melodía armonizada de los músicos , con sus
instrumentos de cuerdas y vientos que suenan ahora, en el terminar, de este
evento decente y palaciego ».
ACTO DOS.
ESCENA UNA.
Detrás del escenario, se observan los magníficos
jardines con arriates, —bien recortados, animando a este lugar— que rodean la
isla, cerca del palacio de Aranjuez.
Estamos
en el mes de agosto y las flores de todos los colores y olores surgen en estos
jardines, tan húmedos mimados por los jardineros de palacio a la diestra de
nuestra mirada —está la presa que frena la corriente del rio Tajo—, aguas que
siguen nadando entre la luz y la naturaleza bien trabajada, hasta la casa del
príncipe .
A esto que, en la tramoya, —donde los
actores están nerviosos y prestos a actuar en la isla del real rio—, se oyen
ruidos de carros y aplausos de la gente. —Mientras a la par—, —se asoma entre bambalinas—
una dama actriz. —Dirigiéndose al grupo comenta— en voz alta:
LA
DAMA ACTRIZ:
—Ya están entrando los carros triunfales y
llegando la mascarada y está empezando a bailar la danza “La negra del Tajo”.
A lo que
tras esto y una vez concluido esté
ornamento
teatral—, fuera de la tarima. Don Juan se acerca, cerca del público y con voz
fuerte segura e imperiosa declama;
DON
JUAN :
—Gracias
doy a mi reina que para hoy en la celebración de la onomástica de mi rey —me
encomendó a través del conde duque— ,la presentación, de esta humilde obra
teatral, dedicada a Niquea .
Y aquí en una real fecha tan señalada ,
feliz me encuentro en este teatro improvisado de eventos al aire libre , aunque
sin vientos que lo soplen a su favor. No es tan libre pues pertenece al dueño de este
reino de la fantasía y la mitología, como estas estatuas de Marte y Mercurio
que presiden este escenario.
Tras lo cual la orquesta situada a una
altura inferior al estrado, empieza una casi onírica y dulce melodía ,dirigida
por el oboe principal —miembro de la camarilla de la reina Isabel— que ha
puesto mucho compromiso, en la celebración de esta tragicomedia —pues no en
vano— ,todo su interés , estriba en que cierta dama actriz, de belleza inusual.
Se
delate, —al recitado de cierto verso—. ,Y que, para los allí presentes, de a
entender su deslealtad y falta de respeto —¡hacia su reina!— y se declare ante
todos, como amante del rey.
Abriéndose
el telón :
LA GLORIA DE NIQUEA
Se
corre el telón y una gran lona con dibujos de Gerónimo aparece —como paisaje de
fondo—. Donde se ilustra con efectos de luces y óleos un carro engalanado ,—accidentado
tirado por los suelos— . Entre grandes
llamas , los equinos enganchados a su tiro —medio muertos y esparcidos a su
alrededor.
un—mensaje
de terror y confusión— en medio de este mar de fuego.
En
esto. Aparece con su armadura resplandeciente, un caballero con espada en la mano
,que con voz fuerte e imperiosa dice :
FAETÓN
:
—¡Aquí estoy con mi espada ,triste pero
enamorado, demostraré que soy hijo del emperador de Constantinopla, y a la guerra
me dirijo!
—Y entre espadas , flechas y dagas , mi
alma es de vos —mi querida y amada reina de mis amores—, “Lúcela mía” —¡nuestro
amor es imposible!— , yo hijo de Helios —no ya por el fuego que nos consume ,ni
la batalla que me rodea— ,debo dejar ahora, mis redondillas y versos
—¡Nuestro amor es imposible!, sonando las
primeras notas del pentagrama ,que lee la orquesta de la canción de “Amor
prohibido” .
LUCELA:
—Sabéis
Don Juan que tampoco puedo ser de vos, sino que pertenezco a quien más me ama —y
a mi destino— como reina de Constantinopla y Rodas .
Continuando
Lúcela:
—Soy
esclava, —del que entre rezos—sigue rezando con monjas que no heliades , que más
que monjas de clausura —las tiene clausuradas— y de estos amores los templos y
conventos del reino de España .Están llenos y los hijos de estos amores, entre
rezos míos, lo son a la vez, del reino de España también.
DON
JUAN:
—¡No
puedo soportar más esta distancia! ,tengo que acercarme a vos y sin permiso
real rozaros, para saber que no son sueños mis escritos en versos y redondillas
y que, con gran anhelo sin prosa, quiero amaros , aunque imposible lo sea este
amor real.
—Y
en ello mi vida, ardiendo esta como hijo del sol y familia en verdad de Apolo,
me case con Niquea, pero siempre seréis en el fuego eterno ¡Mia!,Mia! Mi
querida Lúcela y no Niquea ,
LUCELA
:
— Mi resplandeciente caballero, ¡Lo nuestro
es imposible ¡,bien lo sabéis pues no sois hijo de Dioses ni reyes y menos de
Apolo.
FAETON:
—Mi
padre no es Helías y antes que Cinco se apiade de mí y me convierta en cisne
negro , he de intentar con mi carro de fuego, llegar hasta la tranquilidad del
océano manso y eterno.
LA
HELIADE:
—¿Por
qué pedirle?, a tu padre lo que no quiere darte.
Tras esto, entra a ritmo lento algo dentro
del escenario viniendo desde la tramoya , un fuego que empieza a arder ,en el
centro de la tarima del escenario y los caballos en este caso ( criados
disfrazados de equinos) que tiran con sogas de un carro.
Dorada carroza que empieza arder, tras el
alumbre con brea aceitosa, de uno de los actores.
Tras
lo cual , los caballos con gran revuelo, tropiezan y accidentan el desfile. Quedando
tirado por el suelo caballos y carro en medio de un mar de fuego entre amores imposibles.
Todo es radiante como Eos : el fuego se desplaza
entre las maderas del tablado y corre rápido por las sogas y lonas de la
tramoya , ardiendo todo muy rápido.
La
Reina está cerca del fuego ,que a esto nuestro Conde enamorado , corre
impetuosamente y con la fuerza que da en estos momentos el amor desconsolado,
coge en brazos a la reina , con el pretexto de salvar su vida del fuego que es más
que el sol de su esposo y corren detrás de la tramoya .
Hacia
una zona arbolada ,cerca del agua que rodea la isla del evento real , allí y
esto no se sabe ni se cuenta en la novela.
La imaginación del lector puede satisfacer
su lógica , en que seguramente hubo algo más que algún abrazo ,entre la reina y
el conde ,más en una mujer además de reina ;Galanteada incansablemente con la
virtud del ingenio, de este poeta enamorado y por unos momentos quien sabe si
su fantasía real deja sitio a los impulsos más íntimos y nobles.
Que inconscientemente intentarían escapar
por momentos de la rigidez de su circunstancia, ante un esposo que además de
ser el rey del mayor Imperio ,la ridiculiza
ante los ojos de sus vasallos , que la aman.
Esposo que no duda en seguir con sus impulsos
de sexo y gracias a la labor de su valido el Conde Duque y del pronotario real
, que todo le consiguen y todo lo encubren con el poder que da el reino.
Con todo tipo de mujeres , ¡eso sí! ¡siempre
pagadas con veinte ducados! .
ACTO II
ESCENA III
EL
CONDE:
—Perdonar mi atrevimiento de llevaros en mis
brazos para salvaros del fuego , ese mismo que me consume entero, ¡mi Señora!
LA
REINA:
—¡Atrevidos sois!, no sé si será por el galanteo
hacia vuestra reina, no en vano os estáis jugando más que mi misma desdicha,
además de vuestra bonita cabeza.
EL
CONDE :
—Por
un momento en la eternidad de teneros cerca de mí , no dudaría en dársela al
reino y al verdugo. .LA REINA:
—Me
habéis salvado del fuego del escenario , pero solo he de deciros que gracias ,por hacerme feliz en mí ya consumida
desdicha.
Añadiendo,
tras mirar al conde de reojo:
—Que
es efímera como el amor en sí misma y que esto ya lo aprendí hace tiempo.
No en vano me debo a Philipo , por muy mal que
me trate pues, además , para consuelo mío.
Añade
ahora, la reina;
—¡Debéis
saber! , ¡querido galante ocasional! —que el protomédico de palacio Don
Emiliano, me ha comentado que mi esposo ,—si bien es verdad , no se porta bien
conmigo, también padece de cierto mal—. Conocido como impulsos descontrolados
de ¡apetitos de sexo!
Que no puede controlar y que yo en parte no
le puedo satisfacer en todo. Pues su pene real podría hacer daño a algo más
importante que llevo, en mí vientre y en mi destino como futura madre de un
príncipe de Asturias.
Ahora con el pretexto de ayudarla el conde la
coge de la mano y se ocultan en un frondoso jardín y detrás de un gran álamo ,
por unos momentos.
Después de esto, los amantes ocasionales e
imaginativos , vuelven a la zona del escenario para no crear especulaciones . No
en vano, ya le ha insinuado el valido al rey que estaba tardando mucho tiempo
el Conde en el salvamento de la reina y que no quería pensar mal de él , pero
que le perdonara su majestad ,continua el conde Duque diciéndole al rey por su
mal pensar.
Pero que en este momento ¿Solo Estaba imaginando
por un instante, y ¿que si todo esto? ¡no ha sido una estratagema de Don Juan!
y contando con uno de sus lacayos como ayuda necesaria , ¿ha habido brea
encendida y provocadora del accidente ? .
El rey ante esto quedo pensativo y en duda y
con la mayor discreción ,le pedía que lo averiguase y pronto ante lo cual el
Conde Duque , le sugirió que tenía una amiga entre las damas de la reina
infiltrada y que ya en otras ocasiones había actuado como plomera con informaciones
y pruebas amañadas , que habían servido para ayudar a no comprometer a su
majestad , en pleitos ante la justicia de este reino.
Terminada
la Niquea (cuyo asunto caballeresco estaba tomado del libro
de Don Florisel, una de las continuaciones del Amadís de
Gaula ), «se cerró la lona pintada a modo de la montaña y los
operarios, apagaron el fuego y limpiaron, la tarima tras lo cual corrieron el
telón; en tanto que los músicos tocaron
el soneto de la segunda escena.
Se volvió a dividir el monte, y pareció en
lo superior del trono un jardín, que entre
las hermosas flores aparecieron sentadas todas las Ninfas que introdujo la
fábula, y con ellas la Reina nuestra señora , la Infanta y damas que con alegres pasos ocuparon
el teatro.
Por última vez y al compás de dulces
instrumentos danzaron una vez más, despidiéndose entre los aplausos de los allí
presentes. Puestos en pie todos ellos, con lo que tuvo lugar el fin de la
fiesta».



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